sábado, 2 de noviembre de 2013

Presentación de la Revolución Francesa y la era napoleónica


Ésta es la presentación de la primera parte del Tema 3. Id adelantando los resúmenes, que el examen está cada vez más cerca. 

Los pobres y el control de la población

Hace unas semanas conocimos las ideas de Malthus sobre los pobres, como población excedentaria a la que no había que ayudar, porque seguirían necesitando unos alimentos que no podían ser producidos por el diferente ritmo de crecimiento de población y alimentos.  Estas ideas acerca de los pobres como un colectivo molesto existían desde hacía tiempo en la sociedad británica y también en la irlandesa. Como hemos comentado, el escritor Jonathan Swift, mundialmente conocido por su obra Los viajes de Gulliver, escribió un texto satírico para poner de manifiesto las propuestas disparatadas que se hacían para deshacerse de los pobres en Irlanda. En un tono irónico Swift proponía comerse a los niños irlandeses y explicaba con todo lujo de detalles los beneficios que la aplicación de esta medida tendría en la economía irlandesa. Éste fue su modo de criticar la penosa situación en la que se encontraban los jornaleros y campesinos pobres en su país.






Aquí tenéis el texto: 

UNA MODESTA PROPOSICIÓN
Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una
carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público

Dublín, Irlanda, 1729

Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.

Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.

Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.

Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.

El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.

Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.

Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.

Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.

He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.

Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.

Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.

Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.

Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.

Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.

Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.

He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.

En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.

Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.

Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.

Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.

Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.

Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.

Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.

Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.

No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.

Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

Probablemente Jonathan Swift habría discrepado con Thomas Malthus, uno de los pensadores de la Escuela Clásica, que consideraba que ayudar a los pobres no servía de nada y que había de dejar de invertir recursos en ayudarles a subsistir. En el siguiente enlace tenéis información sobre  las llamadas Leyes de Pobres en el Reino Unido, contra las que Thomas Malthus arremetió:

http://www.eumed.net/tesis-doctorales/jcrc/C-07.pdf

Y éstas son las declaraciones del ministro japonés de Finanzas sobre lo que deben hacer los ancianos japoneses para reducir el gasto del Estado en pensiones: 

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/22/internacional/1358870209.html

Como podéis ver, las ideas del S.XVIII siguen vigentes hoy en día. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Cómo comentar gráficos y ejemplo para practicar


Aquí tenéis la presentación con la guía para el comentario de gráficos en clase de Historia. También os puede servir para Geografía o Economía.

Como hemos visto en clase, la presentación incluye un ejemplo de comentario con las preguntas que hay que ir haciéndose y los aspectos en los que hay que fijarse para sacar el máximo partido al gráfico. Deberéis completar el comentario para el próximo lunes. 


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En la presentación no he incluido toda la información que hemos extraído en clase, pero os recuerdo que en la parte de explicación debéis observar la tendencia de cada variable y establecer etapas o partes donde se puedan agrupar datos parecidos o que sigan más o menos la misma evolución. Recordad cómo hemos analizado la evolución del consumo de lana y algodón en el S.XVIII y lo que hemos observado en cada caso sobre el S. XIX.

Respecto a la parte del comentario, deberéis revisar antes los apuntes del tema relacionados con la gráfica, haciendo especial hincapié en la industria textil, pero sin perder de vista el resto de apartados, como la evolución de la población, los cambios en el modo de fabricación de los productos...

Para finalizar, no olvidéis realizar una breve recapitulación de lo que habéis explicado y valorad la relevancia  de este gráfico para conocer mejor el periodo histórico en el que se enmarca.

No es necesario que vayáis respondiendo pregunta por pregunta. Redactad un texto que siga esa estructura y vaya conectando unas partes con otras.

Buen fin de semana.

lunes, 14 de octubre de 2013

Fraudes, patentes, innovación tecnológica, propiedad intelectual y progreso



James Watt vivió momentos de apuro económico antes de pasar a la historia como inventor de la máquina de vapor. Su trabajo como fabricante de instrumentos matemáticos para la Universidad de Glasgow no reportaba suficientes beneficios y decidió abrir una tienda propia en 1759. En su taller, conservado en el Science Museum de Londres, se encontró un sello para falsificar flautas Thomas Lot. Las flautas  hechas por el luthier  francés Thomas Lot eran las más apreciadas en el S.XVIII, algo así como los violines fabricados por la familia Stradivarius. En aquella época muchos jóvenes de buena familia tocaban la flauta y probablemente Watt vio en la falsificación de flautas una buena manera de obtener dinero para sus experimentos. Pero lo que realmente cambió su vida fue el encargo del departamento de Física de la Universidad de Glasgow de reparar una máquina atmosférica de Newcomen que se había estropeado. Watt tuvo la idea de introducir un condensador para enfriar la máquina y aprovechar el vapor. En 1769 Watt consiguió la patente de un "Nuevo Método para Disminuir el Consumo de Vapor y Combustible en las Máquinas Térmicas". En 1774 se asoció con el industrial Matthew Boulton y juntos abrieron una fábrica que comenzó a producir máquinas de vapor de forma industrial. 



Watt y su socio tuvieron que hacer frente a numerosos problemas relacionados con su patente. Los mineros de Cornualles se negaron a pagar una prima por usar su invento y otros ingenieros reclamaron una participación en el lucrativo negocio de las máquinas de vapor. Watt y Boulton tuvieron que acudir varias veces a los tribunales para denunciar violaciones de su patente. Finalmente, los tribunales les dieron la razón y su empresa se quedó con la exclusiva de fabricación máquinas de vapor con condensador. Los dos se negaron a dar licencias de construcción de máquinas a otros fabricantes, lo que les reportó grandes beneficios. 

El sistema de patentes en el Reino Unido era y sigue siendo bastante caro. Si se quería una patente para todo el territorio, el precio podía alcanzar las 300 libras, lo que dificultaba el acceso a los que no disponían de capital suficiente y en cierto modo pudo ralentizar el proceso de innovación tecnológica. 





En la actualidad, el mundo de las patentes sigue adoleciendo de precios caros que no todos pueden afrontar. En el siguiente enlace podéis ver los precios establecidos en España para patentar inventos:

http://www.oepm.es/es/propiedad_industrial/tasas/

Uno de los principales problemas en el mundo de los inventos es que su propiedad intelectual pertenecerá al primero que la registre en la oficina de patentes. Esto ha generado y sigue generando interminables procesos para demostrar la propiedad intelectual de muchos inventos, como ocurrió con el teléfono, inventado por Antonio Meucci, pero patentado por Graham Bell. En la actualidad existen los llamados "trolls de patentes", bufetes de abogados que compran patentes durmientes, que aún no han sido usadas para poner productos en el mercado, y cuando una empresa tiene éxito con un invento, alegan invasión de derechos de propiedad y amenazan con paralizar la producción en los tribunales. En el libro de Joseph Stiglitz El precio de la desigualdad, se citan varios casos de este tipo. Por ejemplo, NTP Inc consiguió que Blackberry le pagase 600 millones de dólares por supuesta infracción de patentes y tiene pleitos con varias empresas tecnológicas (Apple, Microsoft, Google...) por el mismo motivo. Estas grandes empresas pueden permitirse pagar los gastos de un proceso en los tribunales, pero en muchas ocasiones prefieren pactar antes que arriesgarse a que se paralice su producción por una demanda de propiedad intelectual. Pero los inventores sin un fuerte respaldo económico se encuentran indefensos ante quienes saben utilizar la ley para lucrarse con el trabajo de otros.

El caso del médico colombiano Manuel Patarroyo merece ser conocido, por su renuncia a beneficiarse económicamente de su descubrimiento de una vacuna contra la malaria. Hace 26 años, decidió renunciar a su explotación comercial y entregar su vacuna a la OMS (Organización Mundial de la Salud), para evitar que ningún laboratorio farmacéutico se beneficiase económicamente a costa de la salud de las personas. Sin embargo, esto no ha servido para que la vacuna se haya usado para combatir la enfermedad, porque la OMS archivó la fórmula y todavía no se ha utilizado. Por esta razón, Patarroyo, que ha seguido investigando, ha conseguido producirlas a un precio de 15 céntimos por vacuna y ha buscado un grupo de mecenas que permitan distribuirla de forma gratuita:

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-01-05-2005/abc/Sociedad/manuel-elkin-patarroyo-no-donare-a-la-oms-mi-nueva-vacuna-contra-la-malaria_202208134700.html

http://www.larazon.es/detalle_hemeroteca/noticias/LA_RAZON_339636/7506-manuel-elkin-patarroyo-daremos-gratis-la-vacuna-de-la-malaria#.Ulujj9K8Afg
Espero que todas estas historias os planteen preguntas interesantes, como éstas: 

-  ¿Es legítimo que se obtenga un beneficio económico desmesurado de un invento que supone un gran avance para toda la humanidad?

- ¿Qué papel podría tener el Estado en el progreso científico?

Fuentes sobre James Watt: 



domingo, 13 de octubre de 2013

Argumentos a favor y en contra de los cercamientos



Las leyes de cercamiento o Enclosure Acts fueron un instrumento utilizado por los grandes propietarios  y campesinos acomodados británicos para apropiarse de las tierras comunales y ampliar la superficie cultivada, en momentos en los que la demanda de productos agrícolas había incrementado sus precios. Las leyes de cercamiento existían en Gran Bretaña desde la Edad Media, aunque hasta la Edad Moderna no se aplicaron en gran escala. Durante el periodo de gobierno de los Tudor, se realizaron cercamientos de tierras agrícolas para usarlas como pastos para el ganado, por la gran rentabilidad que producía la exportación de lana. En tiempos de Enrique VIII se cercaron muchas tierras comunales. En el S.XVII las protestas de los campesinos llevaron a la paralización de cercamientos durante el gobierno de Cromwell. Pero el mayor impulso al proceso de cercamiento se dio en los S.XVIII y XIX. El Parlamento británico aprobó sucesivas leyes de cercamientos (Enclosure Acts): se permitía cercar las tierras comunales y legalizar su propiedad. A cambio de la pérdida de derechos de uso de las tierras comunales, con frecuencia se compensaba a los campesinos perjudicados con otras tierras, de menor calidad. 

El proceso de cercamientos favoreció principalmente a los propietarios acomodados: la gentry (pequeña o baja nobleza, comerciantes enriquecidos y algunos jueces. Estos grupos poseían aproximadamente la mitad de las tierras británicas) y la alta nobleza (poseían un 25% de las tierras). Estos grupos, que disponían de capital para cercar tierras e inscribirlas como de su propiedad, además se vieron beneficiados por la concentración de la propiedad, que facilitó su cultivo. Los pequeños campesinos libres (yeomanry), que antes de de la gran oleada de cercamientos poseían alrededor de 1/4 parte de las tierras, fueron los más perjudicados por este proceso. Los más pobres no pudieron hacer frente a los gastos que comportaba cercar las tierras se vieron obligados a vender sus parcelas y también perdieron el acceso a las tierras comunales, que les habían permitido completar sus ingresos. Los cercamientos aceleraron su proletarización y la consolidación de grandes latifundios en pocas manos. El catastro de 1874-75 determinó que poco más de 2.000 propietarios eran dueños de más de la mitad de la tierra. 

En este vídeo podéis ver qué consecuencias tuvieron los cercamientos para los campesinos: 





Aquí tenéis dos textos que presentan opiniones contrapuestas sobre los cercamientos:


ARGUMENTOS EN DEFENSA DE LOS CERCAMIENTOS

Son tales y tantos los beneficios y ventajas que se podrían derivar de un total cercamiento de las common lands (tierras comunales) que me es imposible describirlos o enumerarlos. Daría la oportunidad de separar las tierras áridas de las húmedas, la de desecar estas últimas, la de abonar las zonas agotadas, y todo ello podría producir inestimables resultados: el nuevo ordenamiento permitiría, con la ayuda de hábiles ganaderos, la cría de ovinos y bovinos de raza mucho mejor que las que se ven habitualmente en estas zonas, en donde hay animales miserables y medio muertos de hambre. Teniendo al ganado en zonas cercadas se conseguiría mantener a un número mayor con la misma cantidad de alimento. Su costumbre de vagar y de moverse no sólo destruye la hierba con sus pisadas, sino que también los reduce a huesos y piel. Y ello en la actualidad hace necesaria la presencia de un pastor que los meta y los saque del establo. De otro lado, y mediante este sistema, el ganado podría rendir a la comunidad y a los individuos cien veces más de lo que los hacía hasta ahora, antes de los cercamientos. Por último y fundamental aspecto, se podría proteger al ganado de la peste, esa mortal enfermedad que hace terribles estragos en nuestros rebaños. Hay que añadir que ese abastecería mejor de carne de buey y de cordero a los mercados y que el precio de estos géneros se reduciría considerablemente.


Hay que señalar también que el sistema de las common lands nunca ha aportado nada a la solución del problema del empleo. Y que apenas se hiciera un cercamiento, la situación se transformaría positivamente, y una desolada tierra inculta se convertiría en la más risueña de las zonas. Actividades y trabajos de toda índole se desarrollarían en esos lugares. El que quisiera contribuir a esa empresa encontraría una gran cantidad de ocasiones de trabajo: excavar fosas y canales de desagüe, construir terraplenes y vallas, plantar setos y árboles; los herreros y demás artesanos del campo no tendrían que quedarse con los brazos cruzados pues habría mucho trabajo para ellos en la construcción de factorías y de sus respectivos anexos, y en la proyección y construcción de caminos, puentes, cercados, empalizadas, aperos agrícolas, etc. Pocos años después de haber llevado a buen término estos primeros y temporales esfuerzos, y cuando todo el conjunto estuviese organizado en un sistema agrícola regular, se podría alimentar y dar trabajo a una población notablemente aumentada.

John MIDDLETON,  View of the agriculture of Middlesex. 1798.


OPOSICIÓN A LOS CERCAMIENTOS

Los demandantes piden poder exponer a la Corte de justicia en base a los siguientes hechos:

Que con el pretexto de hacer mejorías en las tierras de propiedad de la citada parroquia se privará a los campesinos sin tierra y a todas las personas que tienen derechos sobre las common lands que se pretenden cercar, del indispensable privilegio del que actualmente gozan, es decir, de que sus bueyes, terneros y ovejas puedan pacer a lo largo y a o ancho de dichas tierras. Este privilegio no sólo les permite mantenerse a ellos y a sus familias en medio del invierno -cuando no lograrían, ni siquiera pagando en dinero contante, que los propietarios de otras tierras les dieran la mínima cantidad de leche o de suero para tales necesidades-, sino que también les permite entregar a los ganaderos partidas de animales jóvenes y delgados a un precio razonable, para luego engordarlos y venderlos en el mercado a un precio más moderado; y este sistema se considera como el más racional y eficaz para asegurar el abastecimiento público de géneros de primera necesidad a precios más bajos. Los demandantes consideran además que el resultado más desastroso de este cercamiento será la casi total despoblación de su ciudad, ahora llena de trabajadores orgullosos y fuertes que, al igual que los habitantes de otras parroquias «abiertas», son el vigor y la gloria de la nación, el sostén de su flota y de su ejército. Bajo el empuje de la necesidad y de la falta de trabajo, se verán obligados a emigrar en masa hacia las ciudades industriales, en donde la naturaleza misma del trabajo en el telar o en la fragua reduciría pronto su vigor, debilitaría a su descendencia y podría hacerles olvidar poco a poco ese principio fundamental de obediencia a las leyes de Dios y de su país que constituye el carácter peculiar de esos sencillos y fieros campesinos que es fácil encontrar en las zonas de los open fields y de los que en gran medida dependen el orden y la tranquilidad del Estado. Según los demandantes, éstos son algunos de los daños que se podrán derivar de las previstas medidas que les afectarán como individuos, pero que tendrán consecuencias en toda la comunidad. Ya se han comprobado estos daños en muchos otros casos de cercamientos, y ellos opinan que presentando el problema al Parlamento (que constitucionalmente es protector y patrono de los pobres) sus derechos no podrán dejar de ser tutelados frente a la ley en discusión.

jueves, 10 de octubre de 2013

Cómo el jabón contribuyó a la Revolución Demográfica



El origen del jabón es tan antiguo como las primeras civilizaciones históricas. Existen registros sobre la elaboración de jabón en la antigua Mesopotamia, por medio de la mezcla de grasas hervidas  y cenizas. También los egipcios fabricaron jabón, pero fueron los romanos quienes contribuyeron a que se convirtiese en un producto de uso cotidiano. El nombre "jabón" deriva del Monte Sapo, junto al río Tíber, donde se realizaban sacrificios ritules de animales. Según la leyenda, un grupo de mujeres que acudían a lavar la ropa al río observaron que la ropa quedaba más limpia si la frotaban con una sustancia jabonosa formada por la mezcla de la cenizas procedentes del sacrificio de los animales con su grasa derretida y el agua de la lluvia. 

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, la Iglesia prohibió los baños públicos en las termas, se fue perdiendo el interés por el aseo personal y el jabón se convirtió en un producto de lujo. La producción de jabón se desarrolló en algunos lugares de Europa, especialmente en el Mediterráneo, donde existía abundancia de aceite de oliva, que podía ser utilizado como grasa, y sosa natural, que se extraía de las cenizas de algas marinas. 

La higiene personal se resintió mucho tras la epidemia de Peste Negra del S.XIV. Se extendió la idea de que bañarse era una actividad peligrosa, lo que no hizo sino agravar los problemas sanitarios. La gente apenas tomaba unos cuantos baños a lo largo del año y para ocultar los olores corporales se desarrolló mucho la industria del perfume. 

El jabón continuó siendo un producto de lujo hasta el S.XVIII, al alcance sólo de unos pocos. El  problema fundamental era conseguir sosa de forma limpia y no a partir de cenizas. La Academia Francesa de las Ciencias convocó un concurso en 1775 y ofreció un premio de 2.400 francos a quien lograra obtener sosa mediante un procedimiento más limpio y sencillo.  Tras varios años de trabajo, el médico y químico francés Nicolas Leblanc, descubrió  en 1791 cómo  fabricar cáustica a partir de la sal común. Su método constaba de dos fases:

- en la primera, se hacía reaccionar la sal común con ácido sulfúrico, para producir sulfato sódico 

- en la segunda fase , el sulfato sódico se quemaba con caliza y carbón para obtener el carbonato sódico o sosa.

French chemist Nicolas Leblanc, inventor of the process for transforming sodium chloride (NaCL, or common salt) into soda ash.

Nicolas Leblanc


Leblanc obtuvo la patente de su descubrimiento y se asoció con el Duque de Orleans para la construcción de la primera fábrica de sosa en París. Pero los acontecimientos de la Revolución Francesa llevaron a la confiscación de la fábrica y la ejecución del Duque, primo de Luis XVI. Leblanc se vio prácticamente en la miseria, mientras su método se extendía por toda Europa. En 1806 se suicidó. El método Leblanc fue el más usado para producir sosa hasta 1870, cuando se generalizó el método Solvay 

La aportación de Leblanc a la ciencia supuso un gran avance, que permitió fabricar jabón en grandes cantidades, abaratar su precio, convertirlo en un producto de consumo y, de paso, mejorar de forma considerable la higiene y la salud de las personas. Una mayor limpieza y la mejora de la asepsia en los procedimientos médicos redujeron considerablemente la mortalidad y contribuyeron al incremento de la población. 

Fuentes:

http://www.jabonesbeltran.com/es/historia-jabon.php

http://www.camachosacristan.com/es/historia-del-jabon/origen.php

http://historiadelamedicina.org/blog/2006/12/06/nicolas-leblanc-1742-1806-un-cientifico-sin-suerte/

http://www.jabones.biz/category/historia-del-jabon/

http://asteroidejabonero.blogspot.com.es/p/curiosidades-sobre-el-jabon.html

http://www.rtve.es/noticias/20110318/nicolas-leblanc-malogrado-inventor-sosa-artificial/417853.shtml

Presentación del T.2

Ésta es la presentación del T.2. Ya podéis completar vuestros apuntes con ella. El último punto del tema está menos desarrollado porque es la parte que debéis resumir.